En una entrevista que Milagros Leiva le hace a María Cecilia Villegas -abogada y analista política, además de guapa- y que el diario El Comercio publicó el domingo pasado, ésta dice, con mucha razón, que hoy en el Perú “le hemos dejado la política a los peores”.

 Refiriéndose a esos que sólo llegan al poder para servirse, dispensar favores y robar. Como ocurre acá en Piura y pasa en todas partes. En el 2022, la máxima magistratura del país la ocupó Pedro Castillo y miren lo que se sacó de aquella elección.

Lo anterior viene a cuento por las anticipaciones que ya se están haciendo -y seguramente como un ver- sobre quienes podrían ser, en el 2026, posibles candidatos al gobierno regional. En dicha lista ponen a Madrid y a su predecesor en la alcaldía de Piura -Juan José Díaz- como dos de ellos y, desde luego, a Reynaldo Hilbck y a Santiago Paz, y a cuatro más y, de estos cuatro, hay tres cuyos nombres no les dice nada a nadie. Aunque todavía es muy temprano para pronósticos, no lo es para advertencias. 

Lo que se quiere decir es que no se vuelvan a repetir elecciones como la de Servando a gobernador regional en el 2017 o como la de Madrid a la alcaldía de Piura en el 2022. Fueron pésimas elecciones. Los autsider no garantizan nada y la próxima vez hay que votar, no por el mal menor, que es otra reverenda cojudez, sino por el candidato que pinte mejor. Así éste o aquél apelliden Hilbck o Paz. Porque si hay que jugarnos el albur hagámoslo con una balanza por delante, como aconseja la sensatez, pero no tirando una moneda al aire ni jugando a la gallinita ciega, como suelen proponer los necios, los falto de inteligencia, los simples.

Reza un viejo dicho que muchos olvidan, unos por apurados y otros por desatender lo que recomienda la prudencia, que “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Pintas apristas ya se están viendo en la entrada de la ciudad y las están dejando regadas por allí cuando todavía las elecciones del 2026 ni siquiera están a la vuelta de la esquina. En fin, cada quien con su tema.

Madrid no se cansa de sorprendernos y está imparable vendiéndonos maravillas, portentos de obras que parecen de ensueño, como las que están presentado en un video que su oficina de Imagen, tan diligente como siempre para exaltarlo, ha colgado en las redes sociales. En esa cinta se ve cómo van a quedar, dentro de algunos meses, las avenidas Sánchez Cerro, Loreto y Bolognesi y el malecón Eguiguren. A simple vista y por las imágenes del mencionado video, irreconocibles. Primero las van a poner patas arriba, tal como se hizo con el parque “Néstor S. Martos” para luego volverlas a hacer de nuevo. 

Madrid quiere demostrar que él no anda pensando en cosas chiquitas, ni en superficiales remodelaciones, ni pesando en arrobas sino en quintales. Gusta de lo faraónica. Cueste lo que cueste. Tan es así que en la reconstrucción de esas tres avenidas y del mencionado malecón se van a gastar 80 millones de soles. Diez más de lo que costará la recuperación del Teatro Municipal y la transformación de la plazuela que está al frente, la Salaverry, y la conversión, en no sabemos qué, de aquel espacio público que se halla a lado de ésta, y que hoy usan como playa de estacionamiento los que vienen hasta acá para entrar a comer pavo en la “Pera madura”, y que antes, por la década de los 40, servía como un lugar adonde la gente concurría, llevando sus sillas. para ver cine al aire libre. A falta de un ecran, las películas se proyectaban contra una pared blanqueada con cal o pintada del mismo color.

Bueno, ¿en dónde estábamos? Ah, sí. En que a Madrid le disgusta la obra pequeña y tal vez se deba a eso la poca atención que le presta a los asentamientos humanos, donde una veredita o un parquecito o una canchita, una vez construidas son como una bendición de Dios. Aunque eso a Madrid realmente no le interesa. Y asusta cuando él dice, en el mismo video antes mencionado, que, para reconstruir una ciudad como la de Piura, que ha sido mal hecha y mal planificada, hay que meterle combo y destruirla. Sí, sí, eso lo que dice y persígnense, con un Santo Jesús como impetración, para que a Madrid no se le vaya a ocurrir con ir también a meterle combo al monumento a Grau. 

Y terminamos preguntándonos si alrededor de Madrid -olvidémonos ya de su oficina de Imagen- no hay alguien, aunque sea uno entre tanto descerebrado, que piense y le haga ver que se le escucha horrible decir que a Piura hay que destruirla para volverla hacer de nuevo porque estuvo mal hecha y mal planificada. ¿Acaso se ha vuelto loco este hombre como para decir esas cosas?.

 

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