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Sáb, Jul

¿Qué hará Valicha?

¿Qué hará Valicha?

Sociedad
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FUE la canción misma la que nos llevó a conocer esa historia de amor que hubo detrás de ella y que no tuvo ese final feliz de las otras historias de amor. De aquellas que comienzan y acaban bien. Amores desdichados y con desenlaces parecidos a los de Romeo y Julieta, también los hay. Y de los imposibles, pero sin este último final, igual. La canción mencionada tiene este título: “Valicha”. Es un huayno de melodía hechizante. Gianmarco la canta.

EL aura que envuelve a esta canción es muy parecida a las que orillan la celebridad de otras composiciones de entre las más notables de la música nacional nuestra. Casi es un himno en el Cuzco y en Acopía, el pueblito cuzqueño donde nació quien la compuso y también quien la inspiró: Él, que era hijo de un terrateniente de allí y, ella, una muchacha campesina y la más bella del lugar. Cuentan que en Acopía, la gente más humilde hasta se pone de pie y se quita el sombrero cuando escucha ese huayno.

Y dicen que fue aquella distancia social entrometida entre ambos jóvenes la causa real de que esa historia de amor suyas naufragara y quedara catalogada en el grupo de los amores imposibles y, por imposibles, desdichados y, por ambas cosas, condenados a no tener, como en las novelitas rosas, un final feliz. Eso sí, la canción aludida salvó del olvido a dicha historia de amor. Como hizo Mariano Melgar, en su tiempo, con la suya y con un soneto que dejó escrito para la posteridad con este título: “Silvia”.

LA letra de “Valicha” la escribió Miguel Ángel Hurtado Delgado en 1945 y en quechua. Él era él en esa historia de amor, y Valicha era ella. Con esa apócope la conocían en su pueblo. Su nombre era este: Valeriana Huilca Condori. Desde luego que esa no fue una canción que la honrara. Al contrario. Miguel Ángel la compuso para desahogar allí su contrariedad y su rencor cuando supo que la muchacha, en su ausencia, se había fugado al Cuzco con otro. “¿Imatas ruwanqa?, se pregunta él en la canción por Valicha. “¿Qué hará realmente?” Y se responde: “|Dicen que en las puertas de los cuarteles, mi niñita, de veras,/ ¡robará corazones!”

LA canción pegó tanto que hoy en día es hasta igual de conocida a nivel mundial como lo son, por ejemplo, “El cóndor pasa” y “La flor de la canela. Y nos acordamos de ella a raíz de esa inútil discusión que hubo no hace mucho -recordarán ustedes- cuando se pretendió atribuirle una connotación y un simbolismo que jamás tuvo esa otra tonada, también muy popular, llamada “Flor de retama”.

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