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Vie, Ago

Morir de amor

Morir de amor

Literatura
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QUIÉN más sino él. Pues para hablar de amor nadie lo hizo mejor ni tan bien como Gabriel García Márquez.

Lo sublimó en casi todas sus obras: “Cien años de soledad “, “El amor en los tiempos del cólera”, “Crónica de una muerte anunciada”, “Memorias de mis putas tristes” y en este libro de cuentos: “Del amor y otros demonios”. Él mismo llegó a escribir lo siguiente: “Lo único que me duele de morir es que no sea de amor”.
Sobre lo último, ¿creen ustedes que haya gente que se muera de amor? Para la ciencia sí y no y, más no que sí. Hace algunos días leí que aquí nomás, en Sullana, había muerto una pareja de esposos que tuvieron la doble dicha de nacer y morir en el mismo día, en el mismo mes y en el mismo año. Y también la fortuna de haber compartido juntos 50 años de sus vidas y tener hijos y tener nietos.
HASTA se dieron el gusto de ahorrarse tristezas y sufrimientos no sobreviviéndose y, sobre todo, evitaron, así como sucedieron las cosas, ese doloroso trance de la despedida última, cuando la muerte se encapricha por llevarse primero a uno y después al otro, dejándole a este otro la pena inmensa de cargar con el duelo que sobreviene con la partida del primero y que, a veces, resulta este duelo más doloroso y mortal que la muerte misma, según la ciencia.
LA PAREJA de la que estamos hablando ni siquiera tuvo tiempo, como ya lo dijimos, para decirse adiós o parte con Dios. Cuentan que ambos, en vida, se prometieron irse juntos y cumplieron. Ambos levantaron velas casi al mismo tiempo como un gesto de amor. Y si el amor lo puede todo, como se dice, qué más con esto para concluir también, aunque la ciencia diga lo contrario, que hay personas que se aman tanto que también mueren de amor.
HACE años se me partió el alma después de enterarme de la muerte de un par de jóvenes a quienes conocí en la universidad. Se enamoraron ni bien llegaron a esta y terminaron casándose tan luego pudieron hacerlo. La felicidad, no el amor, se les acabó cuando un buen día un cáncer le tocó las puertas a ella. Cuando el final anunciado para ella llegó, al día siguiente de habérsele sepultado murió él. De amor, sin duda.
Y AUNQUE se diga que nadie se muere de amor y que tampoco el corazón llora, como se le oye decir, en una canción suya, al rapero puertorriqueño, Papi Wilo, para luego, enseguida, escucharlo desdecirse, quién o a ver quién no desearía morir de amor en estos tiempos, malos tiempos, en que la gente, por el coronavirus, parece haberse olvidado morir de amor.

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