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Mié, Oct

ALLÍ ESTÁ TU AMIGO

Piura
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DICEN que las malas noticias siempre llegan por teléfono. Hay personas que cuando escuchan sonar el suyo en horas de la madrugada saltan de la cama asustadas, temblando....

DICEN que las malas noticias siempre llegan por teléfono. Hay personas que cuando escuchan sonar el suyo en horas de la madrugada saltan de la cama asustadas, temblando. Cuando mi madre enfermó y su salud fue empeorando y nos dijeron que, por ella, ya nada se podía hacer y que más bien nos pusiéramos a rezar si creíamos en Dios, a partir de entonces la espera del teléfono sonando en la madrugada se convirtió en una pesadilla. Murió pero la noticia de su muerte no llegó por teléfono pero sí de madrugada. Un mensajero la trajo y no necesitó decírnosla, para saberlo, cuando lo tuvimos enfrente. Bastó escuchar los toquecitos mansos que este le dio a la puerta de la casa con los nudillos de su mano y luego identificarse, para adivinarlo.

HACE algunos días la muerte de un entrañable amigo, como lo fue Teddy Montúfar, me recordó lo antes dicho. Una llamada telefónica me puso al corriente de su partida de este mundo. Iba a decir de su inesperada partida de este mundo. Teddy murió al día siguiente del Día del Periodista. Él era periodista. Juntos estudiamos periodismo en la Universidad de Piura. Allí nos conocimos. Venía de Paita. Lo recuerdo como un condiscípulo aplicado, metódico, afable. De sacar buenas notas. Yo no. Un día se fue becado a España y cuando regresó algo ocurrió después que ese algo lo obligó a apartarse por un tiempo de la vida académica hasta reencontrarse nuevamente con ella. Esta sonriéndole y él volviéndose a sentir ahí como pez en el agua. Para sus alumnos de periodismo escribió un libro con este título: “El reportero y los géneros informativos”.

DECÍA líneas arriba que una llamada telefónica me puso al tanto de su muerte. La recibí fuera de mi casa pero me imagino que antes de que esta mala noticia llegara a mis oídos debió pasar previamente por los oídos de otras personas. Sólo atiné a exclamar: ¡Carajo! Se murióTeddy. Tampoco se me ocurrió llamar a la viuda. En esos momentos ya lo era. Pero pensé en ella. En Ana María. La última vez que los vi a los dos, a ella y a Teddy, fue como hace tres o cuatro meses. Nos encontramos de casualidad en el hospital. Yo hablaba con Ana María para que me escuchara Teddy que estaba a nuestro lado en silencio y sentado sobre una silla de ruedas. De reojo lo veía asentir, inclinando la cabeza de arriba hacia abajo, cada vez que me escuchaba decir alguna cosa que él daba por cierta. La premonición que tuve entonces se cumplió y lo supe, como ya lo dije, ese día de la llamada telefónica que se me hizo para anunciarme su muerte.

DE TEDDY también tengo que decir que él fue director del diario “Correo” de Piura. Hubo una cena cuando asumió dicho cargo. Allí estuve. Recuerdo que Ana María me dijo, casi al final, cuando ya nos estábamos despidiendo, que ella esperaba que yo, desde afuera, apoyara a Teddy. “Es tu amigo. No te olvides”. Y la mañana en que me le acerqué para darle el pésame, ella, con su mirada, desvió la mía hacia donde estaba el ataúd con Teddy adentro y con resignada placidez me dijo: “Allí está tu amigo”. Entendí, como lo comprobaría luego, cuando ya me iba, que ella, Ana María, sabía de cuán entrañable había sido la amistad que habíamos logrado afianzar su marido y yo. “Sé que lo querías”, fue lo último que me dijo.

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