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Mar, Sep

ESE PEDACITO DE CIELO

ESE PEDACITO DE CIELO

Literatura
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PARA quienes viven acá, ese “pedacito de cielo” existe.

“Allí está”, dicen. Pero no mirando hacia arriba como correspondería hacerlo. No, no. Lo dicen mirando hacia abajo y desde la punta del Huayanay, que es como se llama el cerro al que suben para desde allí, con el dedo índice extendido, decirle al forastero que tienen a su lado que ese “pedacito de cielo” existe y que si lo quieren conocer “allí está”, a sus pies. Uno mira hacia esa dirección y lo que se avista, sin necesidad de entornar los ojos, es el pueblo de Palambla, pequeñito, apacible y resplandeciendo, como un claro, en medio de la floresta. Un verde intenso lo baña.

SUS gentes suelen decir que por nada del mundo cambiarían a su pueblo y los que se fueron de allí, obligados por la necesidad de buscar y hallar nuevos horizontes, esperan pacientes que llegue el mes de noviembre para cubrirse de nostalgias y acelerar el regreso. Vienen de visita por algunos días y se van de nuevo. Es un peregrinaje que dura toda la segunda semana de ese mes de noviembre y el pretexto que los trae para ese reencuentro con la tierra y con la gente querida que se dejó atrás y hasta con sus muertos, es la festividad de la Virgen de Agua Santa, la patrona del pueblo, venerada también en el Ecuador.

PALAMBLA es una villa que está a un pasito de Canchaque. A tiro de piedra, como se diría. La distancia entre ambos lugares es tan corta que uno puede ir y venir a pie. Antes, cuando se viajaba de Piura a Huancabamba, Palambla era una parada obligada. Hoy ya no tanto. Los buses se detenían aquí para que sus pasajeros almorzaran.
La última vez que estuve en Palambla coincidí acá con Miguel Ciccia. Esa canción que dice: “Es el recuerdo eterno/ de los años bellos de mi juventud/ es el alma que canta,/ el corazón inquieto por volver a ti/ es la avenida Grau, /el puente viejo y la picantería/ es el calor de amigos,/ es el calor de Piura, es el calor de amor”, fue compuesta por él. Meses después de ese encuentro, Miguel murió.

MÁS ADELANTE, ya saliendo del pueblo con dirección a Huancabamba, vivía otro palambleño. Se le conocía como “El Checo”. Apellidaba Cruz. Los mejores macerados los preparaba él. Cierta vez, encontrándome en Arequipa, me crucé de manera casual con un hijo suyo. Recuerdo que me dijo que era de Palambla y que apellidaba Cruz. Cuando yo le dije que vivía en Piura y conocía Palambla y a un vecino de este pueblo que llamaban “El Checo”, me quedó mirando sorprendido. “Él es mi padre”, me dijo

(Shareit)

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