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Dom, Mar

¿Es el populismo una cultura?

¿Es el populismo una cultura?

Ing. Guillermo Nole Panta.
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El accionar populista del Nuevo Congreso con sus mentiras y estilos, las reacciones que suscita, los éxitos electorales que ha pretendido lograr, más  que simples estrategias de carácter político, son una forma de ser en la que las actitudes de los incitadores o caudillos corresponden a la conducta de los electores.

El populismo es una especie de anticultura que se sustenta en la sonoridad del discurso y en lo grosero de los estilos, y que nace del encanto de dirigentes políticos que logran con perversa destreza, la adhesión del pueblo y su entusiasmo de multitud.

El populismo no se agota en el carisma de un personaje, más o menos maquillado por el marketing que le hacen sus ayayeros. Su complemento necesario, radica en la índole de sus partidarios, en la tendencia de masas de electores proclives a la falsificación de la esperanza, al desquite de las frustraciones y en el cálculo para lograr en el corto plazo mínimas y precarias ventajas.

El pueblo no tiene tiempo ni disposición para esperar: las urgencias le acosan, las necesidades le turban, las ilusiones le marean y también, el facilismo obra como consejero final al momento de votar.

Además, el discurso populista explota los sentimientos, coacciona las frustraciones, y entonces, las reivindicaciones que se esperan toman la forma de un ajuste de cuentas, de ahora mando yo, cuando el que sigue al timón no es el hombre común que por instante se cree dueño del poder, sino el caudillo y la inseparable camarilla que le cerca.

La lógica de los populistas se basa en la promesa de salvar al pueblo indefenso, en la pronta distribución, y con frecuencia imposible, de los fondos públicos y de los recursos privados, que se arrancará a los supuestos explotadores.

El populista aparece como un cruzado que emprende la guerra santa, por eso apela a los resortes de la mística que el pueblo siempre guarda en su inconsciente. Se convierte así en una especie de ‘religión’ político electoral, que rodea de santidad al líder y de maldad a los demás.

Muchos daños ha causado el populismo al Perú y en los países donde se aplicó. Por ejemplo en nuestro país el populismo que aplicó en su primer gobierno el aprista suicida, Alan García, llevó al Perú a la bancarrota económica con una inflación acumulada de 7,000%.

El principal daño que causa es transformar el engaño en sistema, la mentira en método y conducir así a la frustración repetida de pueblos que, quien sabe por qué secreta explicación, se convierten en cómplices de una forma de ser política que, finalmente, acentúa la pobreza, potencia la irracionalidad, destruye la economía y pervierte la democracia.

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